A día de hoy, el Dr. Howard Gardner defiende que así como hay muchos tipos de problemas a resolver, también hay muchos tipos de inteligencias que se pueden adaptar a su solución. A día de hoy, Gardner y su equipo de la Universidad de Harvard han identificado ocho tipos de inteligencia: lingüística-verbal, lógico-matemática, viso-espacial, musical, corporal-cinestésica, naturalista, intrapersonal e interpersonal.

Las inteligencias múltiples ponen de manifiesto que evaluar a todos por el mismo rasero no es válido. No todos tenemos la misma habilidad con todas las inteligencias, por lo que si las respuestas del test o examen deben ser por escrito, esto favorecerá a los que tengan más desarrollada la inteligencia lingüística; un test oral favorecerá a los que tengan más desarrollada la inteligencia interpersonal, etc. Por lo tanto, si te preguntas: ¿Es mi hijo inteligente? La respuesta es: para unas cosas sí y para otras no tanto.

En abril tuve el privilegio de compartir un almuerzo con el Dr. Gardner en la biblioteca del colegio Montserrat de Barcelona. Quiero destacar aquí dos dudas que le planteé y cuáles fueron sus respuestas:

1. ¿Cómo puedo averiguar cuál es la inteligencia dominante en mi hijo? Gardner no es partidario de evaluar las inteligencias en un niño a menos que haya algún problema, en cuyo caso siempre trataría de ofrecer nuevas formas de aprendizaje de esta habilidad concreta.

Durante la etapa escolar es cuando las escuelas deben adaptar sus métodos de enseñanza a las diferentes inteligencias para dar oportunidades a los alumnos a reconocerse e identificarse por afinidad con alguna de ellas.

Por lo tanto, Gardner sugiere abrir el campo de posibilidades de los menores en la edad escolar. Nacemos con unas inteligencias más desarrolladas que otras y con la observación de la destreza, la motivación y la dedicación en desarrollar uno u otra, se puede intuir cuál es la inteligencia innata en cada uno.

A esto le añade que “los padres debemos evitar el narcisismo positivo y el negativo”. ¿Cuántas son las veces que nos hemos visto recomendando a nuestros hijos la práctica de ciertas actividades, marcados por la intención positiva de que puedan experimentar todo eso agradable que nosotros ya vivimos y que querríamos para ellos? ¿Y cuántas otras, movidos por el narcisismo negativo, hemos querido que sean o hagan eso que nosotros no logramos ser o hacer? Cambiemos el chip: nosotros somos nosotros y ellos son ellos.

Nuestra labor es la de acompañarles en su desarrollo mientras son más pequeños y en sus decisiones a medida que se van haciendo mayores.

2. Suponiendo que ya asoma una inteligencia dominante, nos enfocamos en desarrollar esa inteligencia concreta o fomentamos el desarrollo de las demás?

Para Gardner no hay una respuesta correcta o incorrecta para esta pregunta; él es partidario de que no sea un “o” sino un “y”. Sugiere acompañar al niño a desarrollar esa inteligencia destacada y también fomentar la práctica de las demás inteligencias mientras observamos el comportamiento del niño en relación a todas ellas.

 

Personalmente creo que todos tenemos un don, un talento innato, una habilidad especial en algún ámbito y averiguarlo es nuestra obligación. Un don es eso que se te da bien de forma natural y que el tiempo no cuenta mientras estás practicándolo.

A medida que nos aplicamos en desarrollarnos en esa habilidad o talento, con cada práctica y aprendizaje nuevo, con cada pequeño logro que superemos en ese camino, reafirmaremos nuestra decisión de seguir desarrollándonos en él y eso desembocará, de forma irremediable, en la satisfacción personal, la motivación y en la excelencia.

Un profesional excelente es ese que pone su don y su talento al servicio de los demás. Cuando logras hacer de tu don una profesión estarás sirviendo y aportando valor añadido a los demás y, de esta forma, contribuyendo a la sociedad de manera constructiva.

Por lo tanto, fomentemos el desarrollo de nuestros hijos en cuantas más inteligencias, mejor y con la observación y el acompañamiento podremos ayudarles a decidir su camino a la excelencia personal y profesional.

 

NOTA: Recomiendo leer la historia de la pequeña Gillian explicada con maestría por Sir Ken Robinson en El Elemento, un libro que viene a decir que la vida es más positiva, más feliz, desde aquello que innatamente tenemos facilidad en hacer; desde nuestras fortalezas. Gillian Lyne, una de las coreógrafas más famosas del mundo, es una muestra de ello; solucionó sus problemas y encontró la felicidad cuando descubrió y optimizo sus fortalezas principales: la creatividad y la apreciación de la belleza.

 

 

 

 

 

Author

Maite Vallet

Experta en poner el foco en lo positivo, quiere contagiar su pasión por vivir la vida con sentido. El leitmotiv de su proyecto es que las personas aprendamos a vivir más conscientemente, lo cual tendrá, irremediablemente, un efecto positivo en todo y en todos.

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