Suelo hacer lo que llamo “experimentos silenciosos” y extrayendo mis propias conclusiones. Uno de ellos consiste en observar qué contesta la gente a la pregunta “Hola, ¿qué tal estás?”. ¿Lo habéis probado?
Obtengo dos tipos de respuestas:
a) La mayoría de la gente contesta con un “Bien…, y tú?”. Interpreto que no quieren hablar de su vida y utilizan esta respuesta como un “pasapalabra”. El porqué no quieren hablar de su vida no lo voy a interpretar porque sé que no me acercaría ni por asomo a la respuesta correcta.

b) Otros contestan explicándome todo lo malo que les ha ocurrido últimamente. A finales de agosto llamé a una amiga para preguntarle qué tal habían estado sus vacaciones familiares en Menorca y me contó que estuvo 24 horas en el hospital pasándolo fatal por un cólico nefrítico agudo. “Ya, y el resto del mes, ¿qué tal? “, le pregunté. A lo que ella contestó: “Ah, el resto del verano estuvo muy bien y lo pasamos en grande”.

c) ¿Qué pasa con el tercer grupo de personas que podría contestar en positivo con un “Hoy no me duele nada”, “Soy un afortunado por tener un trabajo”, “Estoy seguro que encontraré trabajo pronto” o con un “Feliz porque hoy hace sol”? Buf! Son muy pocos los que están en este grupo pero qué ilusión hace encontrártelos!.

¿Por qué preferimos acordarnos y recrearnos en lo malo, con la cantidad de cosas buenas que nos ocurren?
Mi conclusión casera a este experimento silencioso es que, observando a unos y otros, los pocos que están en el grupo c) disfrutan de lo bueno que les ocurre y saben aprender de lo no tan bueno. Estos son los que, casualmente, tienen suerte en la vida. ¿Qué hay detrás de esto?

Joe Dispenza, en sus libros “Deja de ser tú” y “Desarrolla tu cerebro” afirma que somos esclavos de emociones y sentimientos memorizados y ese estado de ánimo nos condiciona lo que pensamos. A su vez, nuestros pensamientos y sentimientos nos llevan a comportarnos de determinado modo y, por ende, seguimos obteniendo los resultados de siempre. A su vez también nos muestra que podemos modificar a voluntad ese pensamiento, lo cual será un buen principio para sentirnos diferentes y, desde ahí, actuar bajo un a emoción más optimista y obtener resultados diferentes también.

En resumen, pon consciencia a lo que piensas y si crees que no te ayudan a sentirte mejor, cámbialo por un pensamiento diferente!

Author

Maite Vallet

Experta en poner el foco en lo positivo, quiere contagiar su pasión por vivir la vida con sentido. El leitmotiv de su proyecto es que las personas aprendamos a vivir más conscientemente, lo cual tendrá, irremediablemente, un efecto positivo en todo y en todos.

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